Pamplona, 2 - 31 de mayo de 2007  
  Planetario de Pamplona  
  {11} Biblioteca en guerra
   
   
   

Exposición organizada por la Biblioteca Nacional y la Subdirección General de Coordinación Bibliotecaria del Ministerio de Cultura.

 
       
       
  Bibliotecas Populares en Asturias

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Desde finales del siglo XIX va a surgir un poderoso movimiento de bibliotecas populares en Asturias. Los que financiaban estas bibliotecas eran los propios lectores, asalariados con escasos ingresos. En 1931, aportaban entre 0'50 y 2 pesetas mensuales: un auténtico esfuerzo autodidacta.
Unas eran las Sociedades Culturales cuyos fines eran la formación y la diversión. Otras, más estrictamente culturales, los Ateneos (Obreros, Populares, Campesinos o Libertarios) con clases nocturnas, conferencias y la Biblioteca como lo principal.
Tras la proclamación de la República estos centros y bibliotecas desarrollaron una viva etapa. Bibliotecas donde la mitad de los fondos son de literatura (Galdós, Blasco Ibáñez, Baroja..) y que se desarrollan en ciudades (Oviedo, Gijón) y villas mineras.
La represión desencadenada tras la revolución de octubre de 1934 en Asturias va a suponer la práctica desaparición de estas bibliotecas, acusadas por la autoridad de ser los gérmenes de la insurrección obrera.

 

Biblioteca Popular Circulante de Castropol

En Castropol (Asturias), a orillas del Cantábrico, va a crecer la biblioteca popular más interesante entre 1922 y 1936. Una población de 8.000 habitantes (47% analfabetos), principalmente agricultores y ganaderos, también pescadores y comerciantes.
Una biblioteca que, por iniciativa de unos jóvenes estudiantes universitarios de la localidad, se abrió en 1922 con 158 volúmenes. En el verano de 1936, cuando fue cerrada, contaba con casi 5.000 libros y 14 bibliotecas sucursales en otras tantas localidades del concejo. Fue el precedente más claro de Misiones Pedagógicas: editaba revistas, organizaba conferencias y pequeños conciertos, teatro y guiñol, creó secciones especiales de libros para agricultores y maestros... Fue una institución autónoma (fundamentalmente se financiaba por suscripción pública, con importantes aportaciones de los paisanos emigrados en Cuba, Argentina, Uruguay, Chile...) que despertó la admiración de bibliotecarios (Moliner, Rubió, Vicens, d'Ors...), intelectuales (Cossío, Vasconcelos, Altamira, Unamuno...) y que se dio a conocer como modélica en otros países.

 

Yo soñaba con un armario lleno de libros nuevos para mi solo. Para leerlos y para alinear sus lomos y pasarles de cuando en cuando revista, como a una guardia de honor.
El día que abrieron la biblioteca del Centro Obrero, mi padre eligió para mí 'La vuelta al mundo en ochenta días' de la editorial Sopena. Era un ejemplar completamente nuevo. El autor se llamaba Julio, un nombre excesivamente simple para un libro tan hermoso. Las pastas de cartoné crujían al abrirlas y las páginas olían a tinta reciente y a papel intacto. Ocurrió esto en sábado y lo estuve leyendo en la cocina, hasta que mi madre me mandó a la cama. A la mañana siguiente reanudé la lectura recogiendo sobre las páginas el resplandor que se colaba por las contraventanas. Era el primer libro estrenado por mí y por eso lo que en él se decía era como escrito para mí solo. Ningún otro libro me ha gustado tanto: solo éste excitaba la vista, el olfato, el tacto y hasta el oído y todo ello de un golpe.
Poco después estalló la revolución de Octubre de 1934 y durante la represión fue clausurado el Centro Obrero de Ablaña y requisada la biblioteca.

José Fernández Sánchez

 

El incendio de la biblioteca de la Universidad de Oviedo

En los sucesos de la revolución de octubre de 1934, el palacio del obispo y gran parte de la Universidad de Oviedo quedaron destruidos durante los asaltos al cuartel Pelayo, defendido por la guardia civil. El incendio de la Biblioteca Universitaria provocó la desaparición del mejor fondo bibliográfico asturiano existente. La asociación de Bibliotecarios y Bibliógrafos de España va a reaccionar rápidamente y entre los primeros bibliotecarios que realizan una aportación para su reconstrucción se encuentran varios de los que tras la guerra sufrirían exilio y represión.
En esos momentos convulsos Américo Castro, en junio de 1935, escribe el articulo Los dinamiteros de la cultura: "Porque sépase bien que tan criminal e insensato como hacer añicos la biblioteca de Oviedo o los tesoros de su catedral es el intento de aniquilar las Misiones Pedagógicas, que del año último a éste han bajado de 800.000 pesetas a 400.000, y que al próximo golpe desaparecerán
(...) Por lo visto llevar a campos y aldeas cultura, arte e ideas españolas es un pecado mortal".

   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Filial de la Biblioteca Popular Circulante de Castropol en la aldea de Seares

 

Filial de la Biblioteca Popular Circulante de Castropol en la aldea de Barres, 1932

 

 
         
         
 

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