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Desde finales del siglo XIX va a surgir un
poderoso movimiento de bibliotecas populares en Asturias. Los que
financiaban estas bibliotecas eran los propios lectores, asalariados con
escasos ingresos. En 1931, aportaban entre 0'50 y 2 pesetas mensuales: un
auténtico esfuerzo autodidacta.
Unas eran las Sociedades Culturales cuyos fines eran la formación y la
diversión. Otras, más estrictamente culturales, los Ateneos (Obreros,
Populares, Campesinos o Libertarios) con clases nocturnas, conferencias y
la Biblioteca como lo principal.
Tras la proclamación de la República estos centros y bibliotecas
desarrollaron una viva etapa. Bibliotecas donde la mitad de los fondos son
de literatura (Galdós, Blasco Ibáñez, Baroja..) y que se desarrollan en
ciudades (Oviedo, Gijón) y villas mineras.
La represión desencadenada tras la revolución de octubre de 1934 en
Asturias va a suponer la práctica desaparición de estas bibliotecas,
acusadas por la autoridad de ser los gérmenes de la insurrección obrera.
Biblioteca Popular Circulante de
Castropol
En Castropol (Asturias), a orillas del
Cantábrico, va a crecer la biblioteca popular más interesante entre 1922 y
1936. Una población de 8.000 habitantes (47% analfabetos), principalmente
agricultores y ganaderos, también pescadores y comerciantes.
Una biblioteca que, por iniciativa de unos jóvenes estudiantes
universitarios de la localidad, se abrió en 1922 con 158 volúmenes. En el
verano de 1936, cuando fue cerrada, contaba con casi 5.000 libros y 14
bibliotecas sucursales en otras tantas localidades del concejo. Fue el
precedente más claro de Misiones Pedagógicas: editaba revistas, organizaba
conferencias y pequeños conciertos, teatro y guiñol, creó secciones
especiales de libros para agricultores y maestros... Fue una institución
autónoma (fundamentalmente se financiaba por suscripción pública, con
importantes aportaciones de los paisanos emigrados en Cuba, Argentina,
Uruguay, Chile...) que despertó la admiración de bibliotecarios (Moliner,
Rubió, Vicens, d'Ors...), intelectuales (Cossío, Vasconcelos, Altamira,
Unamuno...) y que se dio a conocer como modélica en otros países.
Yo soñaba con un armario
lleno de libros nuevos para mi solo. Para leerlos y para alinear sus lomos
y pasarles de cuando en cuando revista, como a una guardia de honor.
El día que abrieron la biblioteca del Centro Obrero, mi padre eligió para
mí 'La vuelta al mundo en ochenta días' de la editorial Sopena. Era un
ejemplar completamente nuevo. El autor se llamaba Julio, un nombre
excesivamente simple para un libro tan hermoso. Las pastas de cartoné
crujían al abrirlas y las páginas olían a tinta reciente y a papel
intacto. Ocurrió esto en sábado y lo estuve leyendo en la cocina, hasta
que mi madre me mandó a la cama. A la mañana siguiente reanudé la
lectura recogiendo sobre las páginas el resplandor que se colaba por las
contraventanas. Era el primer libro estrenado por mí y por eso lo que en
él se decía era como escrito para mí solo. Ningún otro libro me ha gustado
tanto: solo éste excitaba la vista, el olfato, el tacto y hasta el oído y
todo ello de un golpe.
Poco después estalló la revolución de Octubre de 1934 y durante la
represión fue clausurado el Centro Obrero de Ablaña y requisada la
biblioteca.
José
Fernández Sánchez
El incendio de la biblioteca de la
Universidad de Oviedo
En los sucesos de la revolución de
octubre de 1934, el palacio del obispo y gran parte de la Universidad de
Oviedo quedaron destruidos durante los asaltos al cuartel Pelayo,
defendido por la guardia civil. El incendio de la Biblioteca Universitaria
provocó la desaparición del mejor fondo bibliográfico asturiano existente.
La asociación de Bibliotecarios y Bibliógrafos de España va a reaccionar
rápidamente y entre los primeros bibliotecarios que realizan una
aportación para su reconstrucción se encuentran varios de los que tras la
guerra sufrirían exilio y represión.
En esos momentos convulsos Américo Castro, en junio de 1935, escribe el
articulo Los dinamiteros de la cultura: "Porque sépase bien que tan
criminal e insensato como hacer añicos la biblioteca de Oviedo o los
tesoros de su catedral es el intento de aniquilar las Misiones
Pedagógicas, que del año último a éste han bajado de 800.000 pesetas a
400.000, y que al próximo golpe desaparecerán
(...) Por lo visto llevar a campos y aldeas cultura, arte e ideas
españolas es un pecado mortal". |
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Filial de la Biblioteca Popular Circulante de Castropol en la aldea de
Seares

Filial de la Biblioteca Popular Circulante de Castropol en la aldea de
Barres, 1932
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