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Desde los primeros
meses de guerra el Comisariado de Propaganda de la Generalidad de
Cataluña recoge y envía libros al frente. La Asociación de Escritores
Catalanes y las alumnas de la Escuela de Bibliotecarias colaboran en
tal labor. Pero se consideraba que había que hacer mas y se crea el
Servei de Biblioteques del Front en febrero de 1937. Para acercarse a
los escenarios de lucha se crean dos subcentrales en el frente de
Aragón: en Sariñena y Alcañiz. En Barcelona se asienta la central
técnica. Se compran libros, se diseñan muebles especiales, se nombran
soldados "bibliotecarios" como responsables de los lotes. En nueve
meses Sariñena reparte unos 12.S00 volúmenes y presta 24 muebles
biblioteca. En 1937 la de Alcañiz distribuye unos 8.000 libros y 17
muebles biblioteca. En marzo de 1938 con el repliegue del frente de
Aragón se pierden las dos subcentrales. |
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Durante la guerra,
algunas muchachas que hacen prácticas en la Escola, y varias
bibliotecarias jóvenes, trabajan sin miedo al peligro, movidas por su
vocación de servicio. El bibliobús las acerca a los frentes, mujeres
entre tantos hombres. Manuel Rubió, hijo de Jordi, describe la escena
en una carta dirigida a su padre: |
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Es curioso lo que
les pasó a los soldados al ver a las bibliotecarias. Tú ya sabes que
al ver pasar a una chica, todos (con rarísimas excepciones) le tienen
que decir alguna cosa. Sin embargo a las bibliotecarias, ninguno les
dijo nada que no fuera de su trabajo. Hasta las más malhablados se
abstuvieran de hacerlo delante de ellas. |
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Marra Felipa Español,
Rosa Granés, Aurora Díaz Plaja, Maria Ponjoan o Concepció Guarro
fueron algunas de esas bibliotecarias arriesgadas. Una de ellas,
Concepció de Balanzó, murió a causa de un accidente del bibliobús.
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Desde que quedé
sola en el local que compartía con el "Servei de Tremeses al Front";
procuré hacerla parecer una biblioteca. Por ahora el mobiliario es el
siguiente: 16 m. de estanterías, 1 mesa de 9 x 3,5 palmos, 5 sillas
(cuando necesito más me las dejan), un pupitre, una especie de mueble
mitad armario mitad fichero que he hecho aprovechando unas cajas, una
mesita con una máquina de escribir (que funciono muy mal) y 2 luces
que iluminan muy bien el local. Además un pulverizador de insecticida
que no para ningún día y gracias al cual he conseguido que los moscas
nos respeten, y un jarrón que ha de contentarse con flores silvestres
porque no tengo otras.
En estas condiciones y abastecida con 400 títulos y el doble de
volúmenes, la Biblioteca se abrió al público militar desde el 1 de
agosto pasado, de 11 a 2 por la mañana y de 6 o 9 por la tarde. |
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María Felipa Español, bibliotecaria en Sariñena, carta de 2 de
septiembre 1937 a Jordi Rubió |
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En plena guerra las
bibliotecas siguen cumpliendo su misión. Una joven Aurora Díaz Plaja
elabora guías de lectura en las que se divulgan titulos adaptados a
las circunstancias para hacer más fácil la vida a los ciudadanos. Un
trabajo moderno y una bibliotecaria sensible que va a continuar con el
mismo grado de compromiso hasta su jubilación. |
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Desde la noche del 16
de marzo de 1938 hasta las primeras horas de la tarde del 18,
Barcelona sufrió doce bombardeos. Uno de ellos, el del 17 a mediodía,
destruyó la Central del Servei de Biblioteques del Front, situada en
la calle de Corts Catalanes. Hasta siete minutos antes habían estado
trabajando allí ocho bibliotecarias. |
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En el piso había unos
veinte mil volúmenes y un centenar de bibliotecas móviles a
punto de salir hacia los frentes, además del catálogo de doscientas
cincuenta bibliotecas circulantes y la documentación de las
subcentrales del Servei. En un segundo todo este esfuerzo quedó
convertido en ruinas. |
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Como dijo entonces
una crónica periodística, "mientras Cataluña envía a los frentes miles
de libros, la España de Franco envía sobre Barcelona bombas de aire
líquido que hacen polvo a los ciudadanos, las casas y los
libros". |
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Desde los primeros
meses de la guerra se utilizan diversos procedimientos para llevar los
libros a los frentes: vehículos del Comisariado de Propaganda,
Sanidad, Correos, o cualquier otro de uso militar, acondicionado. |
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Desde la creación del
Servei de Biblioteques del Front, Jordi Rubió intenta poner en marcha
un vehículo diseñado específicamente como biblioteca ambulante, pero
las circunstancias de la guerra le impiden hacerlo hasta mayo de 1938,
después del repliegue del frente de Aragón. |
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Al final de la
guerra, el bibliobús lleva al exilio a varios escritores catalanes. En
ese viaje se pierde su pista para siempre. |
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Sant Boi de Lloregat, 29 de junio de
1938 |
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Pintas muy
bien la impresión que yo suponía que os debe producir la llegada y
la marcha del bibliobús. Gozo y melancolía, pero con un
fondo de confianza optimista en que en la retaguardia hay
mucha gente que vive y trabaja para vosotros. El bibliobús con
sus libros es un mensajero vivo entre todos los sectores
del ejército y los de la capital. |
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Carta de Jordi Rubió a su hijo Manel,
movilizado en el frente |
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Hemos abierto de
par en par todas las estonterías del bus. Antonia está abajo. delante
de los estanterías exteriores; Enriqueta está en el bureau, yo dentro.
Con mucho orden comienzan o desfilar los soldados. La mayoría elige
rápidamente, algunos preguntan dónde está tal materia, ninguno nos
pide que le escojamos nosotras el libro. Es la primera vez que hago
este servicio y estoy encantada con el orden y el ambiente. Nunca
habría imaginado encontrar tanto interés. |
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Aurora Díaz Plaja. Diario del
bibliobús. Agosto 1938 |
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